Brocadillo del mes - Bikini Pina Bar

#Brocadillo : Biniki Reina de Piña Bar

   

¿Unos ingleses enseñándonos cómo se hace un bikini? Pues sí, resulta que Jamie y Selina decidieron abandonar el Reino Unido y probar fortuna en Barcelona. Tuvieron la suerte de encontrar un pequeño y destartalado local en Poble Sec y acotaron su radio de acción a dos elementos: bebercio y bikinis. Campana y se acabó. La selección de cervezas artesanas y vinos naturales catalanes es corta pero efectiva, incluso tienen un apartado de cócteles, pero es en el apartado de bikinis donde la película se vuelve de lo más interesante.

   

La Piña Bar juega con una carta de joyitas planchadas en la que encontrarás varios bikinis fijos y uno en rotación. Y no se andan con gilipolleces, sus bikinis creativos son piezas fabricadas con el mejor material posible. Empiezo con el clásico; siempre he sido cauto en las primeras citas. Se llama Reina y cae en mis manos como el cadáver de un alienígena en una mesa de disección en Roswell. Tengo que echarle dos buenos vistazos para entender su estructura pluricelular. Me pregunto cómo cogerlo. Lo admiro inquietado y maravillado a partes iguales.

   

Lo que tengo delante es un pedazo de bikini con pan rústico de masa madre, nada de pan Bimbo mal tostado; un mamotreto más imponente que la tocha de Adrien Brody. Jamie me cuenta que el pan es de Yellow Bakery, el mismo proveedor de Santro Porcello y una de las mejores panaderías de Barna, es decir, el envoltorio de los bikins ya viene con pedigrí. Detecto un jamón jugoso en las entrañas del bicho: lonchas desiguales, buen color, mucho sabor, cantidad justa. El cerdo no acapara el protagonismo, como ocurre con esos bikinis mediocres que, para disimular, apuestan por mazacotes porcinos ultraprocesados que parecen biopsias de la Pantera Rosa.

   

Nah, el jamón es supremo y se deja acariciar por un pan de masa madre en su punto, pero lo mejor es la borrasca de queso que se produce interior; una combinación colosal de tetilla gallega y cheddar que te pone los ojos en blanco, como los chamanes en trance o los actores porno en plena corrida. A todo este despliegue se le suma un recurso que no había visto hasta ahora aplicado a un bikini: el bocadillo tiene una carcasa exterior de queso horneado, una costra de felicidad que le da un aspecto mutante, imposible, como si hubiera llegado de una realidad paralela. Doblemente crujiente, doblemente vicioso, siempre dispuesto a dejarte los dedos con varios milímetros de aceite…, estoy devorando uno de los mejores bikinis que he probado en mi vida, un bicharraco que deberías acompañar con una michelada de la casa: te vendrás tan arriba, que lo siguiente que harás será llamar a Inés Arrimadas y decirle que eres más de “Dancing Queen” que de “Waterloo”. Y tan feliz, oye.

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